Los hermanos Somoza se habían vuelto a encontrar media docena de veces en los últimos dos meses. Lucas quiso llevar a Marga a Morena para que viese a su madre. Ese reencuentro nunca se llegó a producir.

El vértigo del inspector comenzaba a desaparecer pero prefirió que yo condujese el SEAT Ibiza de vuelta a San Esteban.

Plácido Domingo no llegó a intervenir en la historia de esa especie de Penélope vasca llamada Maitechu Mia.

Apaga la música. Ahora necesito pensar. Ordenó Wilkinson.

Obediente, permanecí en silencio un buen rato -diez o doce minutos- pero un montón de preguntas se agolpaban a las puertas de mi boca.

¿Quién contrató a Marga para engañar a Jacinto Robles? ¿Por qué la mataron? ¿Había terminado su trabajo? ¿Cómo sabía ella tantas cosas del pasado del dueño de Cabello´s?

Si tuviese todas esas respuestas, el caso estaría resuelto. Dijo el inspector con resignación.

Está más atractivo de lo habitual, pensé. Medio mareado, preocupado y con aspecto de cansado. Deduje que Wilkinson era una de esas escasas personas a las que las fatalidades les sientan bien.

Poco después de la medianoche, aparqué el coche frente a la comisaría del pueblo.

¿Y ahora? Pregunté.

Ahora a dormir. Este día ha sido especialmente largo.

Le invito a una copa.

Juraria que la mirada de Wilkinson resultó tierna en este momento.

Muchas gracias pero no puedo. Tengo una mujer y un par de niñas esperándome en casa.

Le di la mano, casi excitándome al notar lo áspera que tenía la piel, y me fuí calle abajo. La voz del atractivo cuarentón me detuvo a mitad de camino.

Oye, Edgar. ¿Qué haces mañana?

Encogí los hombros.

Como la peluquería está precintada pensé que podías acompañarme. Tenemos que visitar todas las ferreterías y tiendas de llaves de San Esteban. Alguien hizo una copia del juego de la puerta de Cabello´s.

Traté de contener la emoción. No quería que notase que moría de ganas por volver a compartir tiempo con él.

Continuará...

Próximo capítulo 16/07/09