Lucas quiso ofrecernos un café pero la máquina llevaba tiempo estropeada. En la barra, y ante unos botellines de agua, narró parte de la vida de su hermano muerto.
Antonio siempre quiso huir de Morena. En aquel bar de carretera se había creado su propia embajada de fantasía. Se alimentaba de las historias que le contaban, una y otra vez, la televisión y las cintas de video.
El pequeño de los Somoza fué su primer público y para él Antonio revivió, en infinidad de ocasiones, los diálogos de Marisol y Copito a punto de despeñarse por el Cristo del Corcovado. En esos años también imitó a la Madonna de True Blue, a la de Like a Prayer y a la de Erótica, con un trozo de papel de aluminio cubriéndole un diente.
Lucas sonrió, con los ojos tristes, al recordar a Antonio encendiendo y apagando la lámpara de la mesilla que tenían entre las camas gemelas de su habitación. Acababa de ver Atracción fatal y esa noche él era Alex, la mata conejos obsesionada con Michael Douglas.
Incontables heroinas presas en el cuerpo de un adolescente de pueblo.
Las cosas cambiaron con la muerte del padre. Al señor Somoza le llegó su hora, en forma de infarto, mientras servía unas lentejas estofadas. Tras el entierro, Antonio metió alguna ropa en una mochila y la mano en la caja del negocio. La otra Adela García nunca se lo perdonó.
Una mañana, hacía dos meses, el teléfono del bar sin clientes comenzó a sonar. Al descolgar nadie contestaba. Sucedió varias veces, hasta que Lucas escuchó la voz de su hermano.
Le dijo que estaba de paso por San Esteban y que quería verlo. Quedaron después de comer en la terraza del Azul, la cafetería más concurrida de la Plaza de las Bordadoras. Cuando Marga se sentó a su lado, Lucas tardó en reconocerla. Se abrazaron con cariño.
Antonio le contó que uno de los camioneros que paraban por Morena lo llevó hasta Madrid. Allí probó suerte como actor. Las cosas no salieron bien y su curriculum se limitaba a infinidad de figuraciones. Lo más destacable era su aparición en la secuencia del tiroteo de la calle Preciados en El día de la Bestia.
Su mayor éxito había sido convertirse en la persona que siempre quiso ser.
¿Por qué volvió tu hermano a San Esteban? Pregunté adelantándome a Wilkinson.
Alguien lo había contratado para un trabajo.
¿Que clase de trabajo? Continuó el inspector, tomando las riendas de la conversación.
No lo sé. Antonio no quiso dar detalles. Sólo dijo que iba a ganar mucho dinero.
Continuará...
Próximo capítulo 14/07/09

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