El inspector no tardó en comprobar que Marga no era el hijo de Jacinto Robles por mucho que ella se lo hubiese asegurado al dueño de Cabello´s. Unas cuantas consultas basándose en el DNI y una llamada al Bar Somoza, le bastaron para verificar el engaño.

Lucas, el hermano pequeño de Antonio, salió a recibirnos en cuanto aparcamos el coche. Era unos años mayor que yo y llevaba en la cara los rasgos de la tragedia recién conocida. Nos invitó a pasar al interior del bar vacío. Una señora se afanaba en meter en bolsas de basura antiguas cintas de video que reposaban en unos destartalados estantes.

La culpa de todo la tienen las películas. Dijo llorando en cuanto nos vió aparecer.

Aunque les costó, por lo mucho que se había transformado, ambos reconocieron a Antonio como su hijo y hermano en la foto que les mostró Wilkinson.

Lo que sucedió a continuación resultó bastante extraño, aunque me hizo comprender lo amplios que pueden ser los mecanismos de consuelo del ser humano.

¿Quiere que le ayudemos? Se ofreció el inspector.

Como quien calla otorga, todos nos pusimos a tirar con parte de la historia más popular del cine. Por mis manos pasó Conan El Bárbaro, Superdetective en Hollywood, Mad Max, Arma Letal y otros grandes éxitos de décadas pasadas.

La madre, que también se llamaba Adela aunque en su vida había coincidido con Jacinto Robles, fué incapaz de decir nada coherente tras deshacerse de su dolor en los contenedores de la carretera. Lucas le dió un vaso de agua y un miligramo de Trankimazin. Después acompañó a la mujer a una de las habitaciones para que descansase.

¡Se llama Adela García! Le dije al inspector en cuanto nos quedamos solos.

¿Y eso que te suguiere, pequeño Sherlock?

Tomé aire antes de pronunciar mi gran frase.

Creo que en el asesinato de Marga nada es casual.

Continuará...

Próximo capítulo 12/07/09

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