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Terra
La Coctelera

20.MásMoreno

Cuando Doña Encarna dió por terminada su visita a Policeland, apagó el cigarrillo y entró dócilmente en la sala que le indicó el inspector Wilkinson.

Como una adivina en su barraca de feria, la anciana miraba y barajaba las fotos de los tres únicos orientales fichados en San Esteban. Su cara no transmitía ningún tipo de expresión.

Tómese el tiempo que necesite. Le había dicho Wilkinson.

Podemos estar aquí hasta que me muera. Yo a estos tres no los he visto en mi puta vida.

Ante la desesperación del inspector, intervine en la conversación.

Aunque no sea ninguno de ellos... ¿Observa algún rasgo similar con el chino de las llaves?

¡Que voy a ver! ¡No se parecen en nada! ¡Mi chinito era mucho más moreno!

Todos quedamos en silencio. Podría jurar que a Wilkinson se le paró el corazón en ese mismo instante. Nadie entendía nada.

¿Más moreno? Fué lo único que acertó a verbalizar el inspector.

Mi cerebro iba a mil por hora y, de repente, lo vi todo claro.

¡Coño! ¡No tenemos que buscar a un chino! ¡El que copió el juego de llaves de Cabello´s era peruano! 

Continuará...

Próximo capítulo 18/08/09

19.PelículasYHumo

NOTA DEL AUTOR: Las obras, las vacaciones y el calor han hecho que lleve tiempo sin actualizar. A mi, como a Dinio la noche, el verano me confunde. Todavía queda mucho por contar en AlguienTendriaQueMatarla. Continuamos...

Wilkinson decidió llevarse a Doña Encarna a la comisaría. La vieja del cabello perla y lila no acudió a la central de policía como sospechosa. Llegó allí para ver las fotos de tres hermanos a los que hacía unos meses se les había involucrado en un asunto de seguridad alimentaria ocurrido en el restaurante Un mantón de la China. Ni que decir tiene que se trataba de los únicos orientales con un mínimo de antecedentes de San Esteban.

Doña Encarna disfrutó de la visita como si se encontrase en un parque temático. Antes de ponerse manos a la obra pidió entrar en los calabozos. Se ve que desde niña -algo que debió suceder en los tiempos de los indios y los vaqueros- sentía una gran curiosidad por saber como era el lugar donde los buenos encerraban a los malos. La anciana se llevó tremendo chasco al comprobar que la habitación que desarrollaba esas funciones no tenía rejas, ni catre, ni un ventanuco en la puerta por donde darle al preso la bandeja de aluminio con la comida.

¡Menuda mierda de comisaría! ¡Que cosa más fea! Exclamó la madre del dueño de la tienda de llaves y arreglo de zapatos del Mercado de Abastos.

¿Y el humo? ¿Aquí nadie fuma? Dijo al entrar en la sala donde media docena de agentes simulaban estar ocupados frente al ordenador.

Está prohibido fumar en lugares institucionales. Explicó rápidamente Wilkinson, al tiempo que la agarraba de un brazo con suavidad para dirigir sus pasos hacía una de las salas del edificio.

La vida es mucho más bonita en las películas.

Tras decir esta frase, Doña Encarna sacó de su pequeño bolso una pitillera y desafiante encendió un Gauloises Blonde Ultra Light. A continuación, con más erotismo que Sharon Stone en Instinto Básico, posó su mirada en la de Wilkinson y dijo: ¿Me va a detener inspector?

Continuará...

Próximo capítulo 16/08/09

18.PerlaYLila

Carla lloró un buen rato sobre mi hombro, lamentando lo puta que era. A pesar de como aparentaba sentirse, en ningún momento verbalizó la posibilidad de dejar tranquilo el miembro del novio de su compañera de trabajo.

Tras nombrarme su mejor amigo de la semana, sacó una biblia del bolso y me hizo jurar que no revelaría a nadie lo que acababa de contar.

Júramelo ante la palabra del Señor.

Así lo hice, con una mano sobre el texto sagrado y con los dedos cruzados en el bolsillo. Sellé mis labios. Por lo menos hasta que esa información necesitase salir a la luz.

Amanecía en San Esteban. Carla se marchó como una amante furtiva -que lo era- y yo me metí en la cama revuelta, rogándole a los dioses que Wilkinson esperase a media mañana para llamarme.

Se ve que el oficio de inspector es madrugador. Veinticuatro horas después de descubrirse el cadaver de Marga, ya me encontraba en la puerta de la comisaría.

Tienes mala cara, chaval. ¿Has dormido bien?

Si yo te contase, delicioso cuarentón. Pensé. Entre el polvo salvaje con un desconocido, la pesadilla en la que me cargaba a tu mujer y la visita de la peluquera cochina...

La verdad es que he pasado mala noche. Dije, poniendo cara de corderito de Norit.

Wilkinson no hizo ni caso de mi conato de dar pena -una manera tan válida como otras para ligar- y a los diez minutos ya estábamos entrando en la ferretería más concurrida del pueblo.

El inspector sacó el juego de llaves de Cabello´s. Era muy llamativo ya que tenía un secador en miniatura como llavero. Ningún empleado recordaba haber hecho una copia.

Entramos y salimos, sin ninguna pista nueva, de una docena de ferreterías incluida la del Carrefour Express. Aquella mañana, la suerte no paseaba a nuestro lado.

¡Joder! Exclamó impotente Wilkinson mientras se dejaba caer en uno de los bancos del parque de Carabel.

Queda un sitio donde podemos preguntar. Dije con un hilo de voz, por miedo a incomodarlo.

¿Cuál? 

Hay una pequeña tienda de llaves y arreglo de zapatos en el Mercado de Abastos.

Aunque San Esteban no es muy grande, atravesamos el pueblo en apenas cinco minutos. Al llegar, ya colgaba el cartel de cerrado aunque se veía movimiento en el interior.

El inspector tuvo un momento al más puro estilo Harry el sucio.

Abran en nombre de la ley. Gritó acercando su cuerpo al escaparate.

Se ve que la ley mueve montañas, porque la puerta se abrió de inmediato y dejó paso a un hombre que nos miraba con desconfianza.

¿Hizo usted una copia de alguna de estas llaves en las últimas semanas?

La respuesta fué negativa. A punto estábamos de marcharnos, cuando apareció una adorable ancianita con su casquete perla y lila.

Perdonen a mi hijo, le falla la memoria. Recuerdo perfectamente ese mini secador. No puedo decirles cuando, pero aquí hicimos un juego de llaves como esas. El muchacho que las traía era muy amable. Un chinito muy gracioso.

Continuará...

Próximo capítulo 29/07/09

17.PowerMagic

El sueño me venció un par de veces ante el televisor encencido. Un señor intentó venderme la centrifugadora Power Magic, una verdadera fuente de vitaminas para mejorar la salud, la vitalidad y la firmeza de mi joven piel.

Lo bueno de vivir en un pueblo del tamaño de San Esteban es que Carla no tardó ni quince minutos en presentarse en casa, a tiempo para ver como el feriante catódico realizaba -en cuestión de segundos- unos frescos y nutritivos zumos a base de frutas y verduras.

No sabía a quien acudir. Dijo la peluquera, con un tono excesivamente dramático como para tratarse de una tontería.

Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos. Continuó Carla, parafraseando -creo que sin ser consciente- a Tenesse Williams y Almodovar.

Esto no puedo contárselo a nadie, ni a mis amigas ni a las otras chicas de Cabello´s. Sólo a ti.

¿Preparo un café? ¿Una infusión? Me ofrecí, intentando añadir elementos que facilitasen la confesión del terrible secreto.

Carla eligió una tila. Mientras volcaba el agua a punto de hervir en la taza, vomité la pregunta que me oprimía el cerebro desde su llegada. ¿Mataste a Marga?

¡No! Peor que eso.

La chica estaba bastante alterada pero no arrancaba a contar lo que le sucedía. Daba vueltas y más vueltas a la cucharilla, intentando diluir un azucar ya desaparecido. La mirada se le puso de loca justo antes de comenzar a hablar.

Le he mentido al inspector. No pasé toda la noche cuidando al hijo de mi hermana. No me juzgues, Edgar.

Asentí con la cabeza transmitiéndole tranquilidad y, por fin, llegó la frase fulminante.

Llevo un par de semanas tirándome a Orson, el novio de Patricia. En cuanto el crío se quedó dormido, llamé a ese prodigio latino de la naturaleza y nos pasaron las horas follando como conejos.

Los ojos se me pusieron como dos discos de vinilo. Mi compañera de trabajo era un poco zorrón y este hecho abría una nueva vía en la investigación del asesinato de Antonio Somoza García.

Todavía no entendía el porqué, pero Patricia no le había contado la verdad a Wilkinson.

Continuará...

Próximo capítulo 25/07/09

16.Picnic

Tras una ducha rápida, que eliminó del cuerpo todos los restos de la pasión de Morbox, me metí en la cama.

Soñé con Wilkinson y su feliz familia. Disfrutaban de un picnic una soleada mañana de domingo.

La mujer, rubia de bote y con las puntas rizadas, recogía flores silvestres en un cesto de paja. Un estiloso sombrero, tipo campesino, la resguardaba del sol.

El inspector leía el periódico debajo de un arbol. Buena sombra le cobijaba.

Las niñas, que en mi mente bauticé como Lea y Gillette, eran gemelas y no tendrían más de cinco años. Correteaban por un prado, de un color verde intenso, jugando con un perro al que llamaban Jacinto.

Tras una pequeña cabezada, Wilkinson notó la ausencia de su mujer. Les dijo a las niñas que no se moviesen de allí y se perdió en el bosque.

¡Marga! Gritaba sin obtener respuesta.

Entre unos arbustos encontró el cuerpo sin vida de su esposa. Pálida y sin ningún signo de violencia. A pocos metros del lugar del crimen, me descubrí escondido. Sujetaba entre mis manos un cepillo térmico manchado de sangre.

El sonido de las ambulancias se escuchaba a lo lejos. A medida que se hacía más nítido se transformaba en Pantera en libertad, uno de los grandes éxitos de Mónica Naranjo y desfasado politono de mi teléfono móvil.

Contesté medio dormido. Era Carla, agitada y más asustada que yo tras la pesadilla.

¿Carla? ¿Qué pasa? Son las cinco de la mañana.

Perdona por despertarte, Edgar. Hay algo que me corroe la conciencia y necesito decírselo a alguien. Me voy a volver loca.

Continuará...

Próximo capítulo 22/07/09

15.MuchaDiscrección

Con dos lonchas de mortadela con aceitunas, que habían sobrado de la noche anterior, hice un sandwich sin sustancia. Lo comí frente a la tele apagada, mientras mi cabeza archivaba frenéticamente todo lo que sabía sobre Antonio Somoza.

Me noté excitado y con hambre de piel. Necesitaba que me abrazasen y descargar toda la tensión acumulada.

Encendí el ordenador conformándome con encontrar cibersexo con un mínimo de calidad o algún video gratuito lo suficientemente explícito. Como era de suponer, la gente no estaba en casa un viernes por la noche y lo que quedaba por la red eran un montón de seres extraños o adolescentes experimentando.

Había decidido pasarme a la ficción cuando apareció Morbox. Él también vivía en San Esteban. Según escribió en el chat, era alto, delgado, con el cuerpo definido y una serie de atributos que no creo necesario reproducir. Pidió mucha discrección y un lugar para encontarnos.

Dadas las circunstancias de las últimas horas, no era muy aconsejable abrir las puertas de tu casa a un desconocido. Además, podría ser un mentiroso, un skin con ganas de dar leña o un asesino en serie obsesionado con acabar con todos los peluqueros del colectivo LGBT del pueblo.

Mi entrepierna pudo más que mi cerebro y al cuarto de hora nos estábamos revolcando en el viejo sofá de mi apartamento alquilado.

Morbox había dicho toda la verdad y tenía aspecto de heterosexual con curiosidad repetitiva.

Al aliviarnos se vistió y se fué. Sólo dos días más tarde volvería a encontrarmerlo con otro nombre y en otras circunstancias.

 Continuará...

 Próximo capítulo 19/07/09

14.ElPadreYEsposo

Los hermanos Somoza se habían vuelto a encontrar media docena de veces en los últimos dos meses. Lucas quiso llevar a Marga a Morena para que viese a su madre. Ese reencuentro nunca se llegó a producir.

El vértigo del inspector comenzaba a desaparecer pero prefirió que yo condujese el SEAT Ibiza de vuelta a San Esteban.

Plácido Domingo no llegó a intervenir en la historia de esa especie de Penélope vasca llamada Maitechu Mia.

Apaga la música. Ahora necesito pensar. Ordenó Wilkinson.

Obediente, permanecí en silencio un buen rato -diez o doce minutos- pero un montón de preguntas se agolpaban a las puertas de mi boca.

¿Quién contrató a Marga para engañar a Jacinto Robles? ¿Por qué la mataron? ¿Había terminado su trabajo? ¿Cómo sabía ella tantas cosas del pasado del dueño de Cabello´s?

Si tuviese todas esas respuestas, el caso estaría resuelto. Dijo el inspector con resignación.

Está más atractivo de lo habitual, pensé. Medio mareado, preocupado y con aspecto de cansado. Deduje que Wilkinson era una de esas escasas personas a las que las fatalidades les sientan bien.

Poco después de la medianoche, aparqué el coche frente a la comisaría del pueblo.

¿Y ahora? Pregunté.

Ahora a dormir. Este día ha sido especialmente largo.

Le invito a una copa.

Juraria que la mirada de Wilkinson resultó tierna en este momento.

Muchas gracias pero no puedo. Tengo una mujer y un par de niñas esperándome en casa.

Le di la mano, casi excitándome al notar lo áspera que tenía la piel, y me fuí calle abajo. La voz del atractivo cuarentón me detuvo a mitad de camino.

Oye, Edgar. ¿Qué haces mañana?

Encogí los hombros.

Como la peluquería está precintada pensé que podías acompañarme. Tenemos que visitar todas las ferreterías y tiendas de llaves de San Esteban. Alguien hizo una copia del juego de la puerta de Cabello´s.

Traté de contener la emoción. No quería que notase que moría de ganas por volver a compartir tiempo con él.

Continuará...

Próximo capítulo 16/07/09

13.LaHistoriaDeAntonioSomoza

Lucas quiso ofrecernos un café pero la máquina llevaba tiempo estropeada. En la barra, y ante unos botellines de agua, narró parte de la vida de su hermano muerto.

Antonio siempre quiso huir de Morena. En aquel bar de carretera se había creado su propia embajada de fantasía. Se alimentaba de las historias que le contaban, una y otra vez, la televisión y las cintas de video.

El pequeño de los Somoza fué su primer público y para él Antonio revivió, en infinidad de ocasiones, los diálogos de Marisol y Copito a punto de despeñarse por el Cristo del Corcovado. En esos años también imitó a la Madonna de True Blue, a la de Like a Prayer y a la de Erótica, con un trozo de papel de aluminio cubriéndole un diente.

Lucas sonrió, con los ojos tristes, al recordar a Antonio encendiendo y apagando la lámpara de la mesilla que tenían entre las camas gemelas de su habitación. Acababa de ver Atracción fatal y esa noche él era Alex, la mata conejos obsesionada con Michael Douglas.

Incontables heroinas presas en el cuerpo de un adolescente de pueblo.

Las cosas cambiaron con la muerte del padre. Al señor Somoza le llegó su hora, en forma de infarto, mientras servía unas lentejas estofadas. Tras el entierro, Antonio metió alguna ropa en una mochila y la mano en la caja del negocio. La otra Adela García nunca se lo perdonó.

Una mañana, hacía dos meses, el teléfono del bar sin clientes comenzó a sonar. Al descolgar nadie contestaba. Sucedió varias veces, hasta que Lucas escuchó la voz de su hermano.

Le dijo que estaba de paso por San Esteban y que quería verlo. Quedaron después de comer en la terraza del Azul, la cafetería más concurrida de la Plaza de las Bordadoras. Cuando Marga se sentó a su lado, Lucas tardó en reconocerla. Se abrazaron con cariño.

Antonio le contó que uno de los camioneros que paraban por Morena lo llevó hasta Madrid. Allí probó suerte como actor. Las cosas no salieron bien y su curriculum se limitaba a infinidad de figuraciones. Lo más destacable era su aparición en la secuencia del tiroteo de la calle Preciados en El día de la Bestia.

Su mayor éxito había sido convertirse en la persona que siempre quiso ser.

¿Por qué volvió tu hermano a San Esteban? Pregunté adelantándome a Wilkinson.

Alguien lo había contratado para un trabajo.

¿Que clase de trabajo? Continuó el inspector, tomando las riendas de la conversación.

No lo sé. Antonio no quiso dar detalles. Sólo dijo que iba a ganar mucho dinero.

Continuará...

Próximo capítulo 14/07/09